Morriña Ribeira Sacra

Al paraíso nunca fue fácil llegar

Casa Morriña es un lugar muy especial con unas historias diferentes a lo largo de los años. Os las vamos a contar y también os contaremos cómo llegamos a ella: un cúmulo de maravillosas casualidades, o causalidades, ya que creemos que todo pasa por algo… cuando haces algo para que las cosas pasen.

Hoy en día, damos un valor extra a la ubicación de la casa de lo que se le daba algunas décadas, o incluso un siglo atrás. Nos llega de los lugareños y de O Bano y María Anuncia, antiguos propietarios y vecinos de Pedrido, que -ahora- Casa Morriña era de una señora pobre que además vivía en condiciones muy desfarables; y lo saben porque estaba muy cerca del agua, lo que provoca más humedad en la casa, algo que podemos solucionar en nuestros tiempos, y porque no había ni chimenea dentro de casa, ni horno fuera de ella. Simple. Podéis ver otras casas en la aldea, que tienen un horno de pan en la puerta. Casa Morriña no tenía estos dos elementos, y además, una roca ocupaba gran parte de la zona de las habitaciones.

Domingo Alborés compró esta casa como regalo de bodas a Rosa, allá por mayo del año 1991. Rosa es de Chantada y de joven le gustaba mucho ir con la pandilla a los campitos de las terrazas de la Ribeira Sacra. Aunque pasaron tiempo en el río, nunca llegaron a arreglar la casa, así que decidieron venderla y tras alguna venta fallida, apareció un orensano, que descubría esta parte desconocida de la zona y se enamoró de ella. Empezó una insistente búsqueda hasta que dio, gracias a Diego, gerente de Praia Da Cova, con este espacio mágico.

El acuerdo no tardó en llegar y la predisposición de Domingo y Rosa para que alguien pudiera hacer realidad lo que ellos deseaban, fue total.

Casa Morriña fue ideada, concebida y hecha para disfrutar. Para poder relajarse frente al río Miño y encontrar una paz que no es fácil. El tiempo se para cuando estás en ella, el ventanal o el porche, con la profundidad del río, las montañas, los viñedos y el cielo, harán que pases unos momentos muy especiales.

Gracias a todos los que habéis contribuido a que esta zona del mundo sea tan especial, y gracias a Domingo y a Rosa, por su generosidad y buenos deseos hacia los demás.

Borja.

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Casa Morriña

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